Esto lo arreglamos entre todos, sin espacios y terminado en un .org para intentar parecer una campaña mediática objetiva, es una trampa con forma de bozal. Cuando escucho alguien haciendo referencia de manera positiva a este mensaje, me siento como Lisa de Los Simpsons, cuando todo el pueblo se fanatiza con una causa ridícula y sólo ella se da cuenta de la trampa del charlatán de turno.
Esta crisis es dura. Es tan dura que cuando lleguen los años de bonanza (si llegan) nos daremos cuenta de lo cruda que fue. Decir que esto lo arreglamos entre todos debería ser matizado. Para “arreglarlo entre todos” existe lo que se llama democracia; votamos entre todos, escogemos alguien capaz y delegamos en esta figura que denominamos Presidente la responsabilidad de arreglarlo. En este caso, el escogido fue ZP y el pueblo ya hizo su parte escogiéndole a él para que lo solucionara, pero no lo ha hecho, ni lo hace, ni lo hará.
El problema serio, histórico y radical de España es que es un pueblo de dicotomías. O eres del Madrid o eres del Barça. O tus abuelos o padres eran rojos o eran fachas. O eres del PP o del PSOE. No hay término medio, no hay alternativas y por tanto, no hay esperanza. Me da lástima ver a la matriarca de todo lo progre, Pilar Bardem, y todo su séquito tan callados. Me da coraje, porque puedo recordarles liderando manifestaciones, poniéndonos los vellos de punta criticando acertadamente la Invasión de Irak o el atentado del 11-M y no verles ahora liderando la opinión del pueblo contra una crisis brutal, una política basada en improvisaciones o un paro atroz, extraña. Quizás es más kitsch y fashion el lema “sangre por petróleo, no” que “Colas del paro kilométricas, no”. Quizás, no te pones una diana en la nuca cuando criticas la invasión de un país extranjero, y sí que lo haces cuando encabezas una manifestación contra un atentado de ETA.
El momento de gritar BASTA, haciendo que todo Springfield se pare en seco y se gire a escuchar a la pequeña y desentendida Lisa, es cuando me doy cuenta que según la opinión generalizada, si salgo a criticar la gestión del Presidente, soy del PP. Me absorbe ese vórtice que divide España siempre en dos facciones, una blanca y otra negra, y se carga cualquier esperanza de color o escalas de gris.
¿Por qué no hay manifestaciones? ¿Por qué hay millones de parados y no salen a las calles a exigir, demandar, luchar? ¿Por qué la masa social de izquierdas, históricamente la más exigente con los derechos del trabajador, no los defiende a capa y espada o a hoz y martillo?
¿Qué valor debo darle a la opinión de alguien que se significó con causas como el matrimonio homosexual, el chapapote o contra las causas Imperialistas, cuando no sale ahora a protestar por la desastrosa situación social de su propio país? ¿Era por salir en la foto de turno o es que hacerlo sería morder la mano que les da de comer?
¿Los que han votado a ZP por qué no hacen algo? Si fuera ganadero y compro una vaca que no da leche, la cambio por otra; no me callo esperando que algún día me dé leche. Y puesto que de ganaderos hablamos, ¿por qué este silencio de los corderos? ¿Por qué no existe una reacción y seguimos aguantando que se rían en nuestras caras con campañas de la era de las redes sociales? El mayor peligro para un pueblo es ser conformista, creer que aspirar a un sueldo de 1.500 Euros teniendo una formación Universitaria y experiencia es una ambición, pensar que tener trabajo es una suerte y no un derecho, dar por hecho que sólo podrás independizarte a partir de los 30 años…
El mayor problema de esta crisis es que nadie quiere reconocer su error, porque el temor a caer en dicotomías nos lleva a pensar que si te manifiestas en contra de un gobierno socialista, eres automáticamente un pepero. Pues señores, no es así. No te crece una media melena engominada, una raqueta de pádel en la mano derecha y un jersey de Lacoste por encima de los hombros por quejarte del actual gobierno. No tienes que votar a Rajoy por desear que se vaya Zapatero. No tienes que afiliarte al PP o no serás perseguido por una organización secreta por exigir responsabilidades al gobierno de turno.
Hay que demostrar que existen opciones, que el pueblo español en su inmensa riqueza, puede superar los complejos de su memoria histórica reciente y pasada y exigir un puesto de trabajo y unas arcas sanas del mismo modo que puede luchar por una guerra injusta, la privatización de la Universidad pública o la mala gestión del incidente del Prestige, sin alienarse por defecto con la corriente contraria. Hay que hacer un tremendo examen de conciencia y pensar que realmente, esto lo arreglamos entre todos pero con espacios y sin punto org. Esto lo arreglamos exigiendo, luchando, apostando por la democracia y cuando nos toque, aceptando políticas económicas austeras que sin duda serán la única opción para remontar el vuelo.
Decía Malraux, el novelista y político antifascista, que el verdadero combate empieza cuando uno debe luchar contra una parte de sí mismo, pero uno sólo se convierte en un hombre cuando supera estos combates. Creo, honestamente, que ya es hora de ser un poco más hombres y un poco menos corderos.

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